domingo, 9 de julio de 2017

Sin fútbol, con reggae solidario


Es el después de otro ensayo en la semana previa al evento, la segunda edición del Recital Solidario Ayudemos con Música, que se realizará este domingo, desde las 21, en Makena (Fitz Roy 1519, Ciudad de Buenos Aires). Ernesto Albores -líder, voz y guitarra de Aminowana- cuenta el espíritu del encuentro: "La idea es colaborar con el Hogar de Niños Los Querubines. Esto es estrictamente para ellos. Porque en el fondo, el espíritu de la banda y del reggae tiene esa intención de compartir con el otro, generosamente". El Negro -como le dicen- se saca la camiseta del Misura -su equipo de fútbol en el torneo de la UBA, también espacio de búsquedas solidarias- y se pone una remera gris con Bob Marley estampado, bien gastada en tantos recitales, para la producción de fotos con Clarín. Justo en esa cuadra está una de las sedes de Los Querubines, en Vicente López.

Con Albores están sus compañeros del grupo nacido hace 15 años: Renzo Cavana (teclados), Sebastián Moyano (percusión), Carlos Andrade (batería) y Alejandro Casado (vientos). Los acompaña Gux, integrante de Humanidub, el grupo que también participará el domingo de Ayudemos con música. El, en nombre de su banda, dice cuál es el objetivo: "Entendemos la música como un modo de modificar la realidad que golpea y nos rodea". Y en eso andan.

El reggae, esa música nacida en el Caribe, surgió en los primeros tiempos post coloniales de Jamaica -allá en los años sesenta- y en un par de décadas se convirtió en una suerte de himno alternativo y de bandera complementaria del país de Bob Marley, pionero del género, ícono universal. El Bob Marley Tuff Gong Museum es una de las visitas insoslayables de cualquier turista que pase por Kingston, la capital de este país insular. Era la casa donde brotaba el reggae. Desde esos días inaugurales, el reggae abordó las temáticas sociales; contó los problemas de los rezagados, de los descalzos.

Lo escribió Eduardo Galeano, otro ausente imprescindible, en su libro Los hijos de los días: "Bob Marley nació en el pobrerío, y grabó sus primeras músicas durmiendo en el suelo del estudio. Y en pocos años se hizo rico y famoso y durmió en lecho de plumas, abrazado a Miss Mundo, y fue adorado por las multitudes. Pero nunca olvidó que él no era solamente él. Por su voz cantaba el sonoro silencio de los tiempos pasados, la fiesta y la furia de los esclavos guerreros que durante dos siglos habían vuelto locos a sus amos en las montañas de Jamaica".

Ese legado sigue latiendo por los rincones del mundo. También en la Argentina donde el reggae suma referentes y adeptos. Y sigue abrazando aquella impronta. Sirve un dato no tan lejano: hace tres años se realizó el Festival Sustentable "PUMM - Por Un Mundo Mejor". En la Plaza de la Flor, frente a la Facultad de Derecho de la UBA, hubo 25.000 personas cantando con Nonpalidece, Zona Ganjah (grupo compuesto por argentinos y chilenos), Karan N'Daya, Ron Damón, Chiquino Babylon y Wypirat, llegado desde Senegal.


Nonpalidece es una de las principales bandas de reggae de Sudamérica y resulta también una de las más activas en este tipo de búsquedas. Cuenta su mirada, ante la consulta de este diario, el guitarrista Bruno Signaroli: "No creo que sea excluyente del reggae el vínculo con la solidaridad. Sí sucede que este género aborda temáticas sociales y trata de visibilizar distintas causas. Y sobre todo por eso surge la asociación". Martín Mortola, el tecladista, agrega: "Somos un puente para que muchos se acerquen y colaboren y participen". En sus dos décadas de recorrido, la banda se prestó para múltiples eventos solidarios: contra el "gatillo fácil", en Quilmes; en favor de los inundados en varias ocasiones; en apoyo a comedores, sobre todo en el Interior; acompañando siempre a las Abuelas de Plaza de Mayo. Incluso, por fuera de los recitales, colaboran con el comedor Los Bajitos, en una de las zonas más desprotegidas del Partido de Tigre.

Bruno, además, comenta otro caso emblemático: el del grupo Pléyades, de Guernica. Su cantante, El Chino, ofrece talleres de literatura en la cárcel de Marcos Paz y en la de mujeres de Ezeiza. También graba canciones con letras compuestas por detenidos y organiza festivales de reggae en los penales. Cuentan que son una celebración de libertad a puertas cerradas pero a cielo abierto. Juntos cantan "Unidos y fortalecidos", una de las canciones de Pléyades. Como una escena de Shawshank Redemption. Pero acá cerca...


No es una casualidad sino un síntoma. El reggae expresa sus intenciones y su mensaje en lugares dispersos y diversos, en la Ciudad de Buenos Aires, en el conurbano, en donde exista cualquier rincón a tales fines. Cada año, por ejemplo, se realiza un festival en Ciudad Oculta. Claro, con fines benéficos. Perosobre todo con una intención más poderosa: hacer visibles los problemas de los invisibles. Y cantarlos. Y contarlos. Para que escuchen todos.

Texto publicado por Walde, en el diario Clarín.