jueves, 22 de septiembre de 2016

Chipi, ese campeón


Por Walde
A Chipi lo conocí hace 16 años. Lo descubrí pronto: iba a la UADE, estudiaba Periodismo y Publicidad, se sentaba en los asientos del fondo. Pero no era un pibe de universidad privada: era y es barrio puro. No sólo porque lleva en la piel a su Remedios de Escalada y a la zona Sur entera sino por sus códigos, por su modo de ser, por su generosidad. Es mi amigo desde el primer partido de fútbol que compartimos. O desde antes o desde apenas después.

Armamos un equipo en la facu con algunos otros que luego se sumaron ocasionalmente al Misura (como Catriel o como Rodri Risso, que iba a la UBA, pero era el novio de Laurita Saladino, bella compañera de esos asientos). En los amistosos, nos goleaban. En el único torneo que jugamos salimos campeones. Chipi fue el MVP de aquella Armada Láctea y del campeonato. La rompió. Era enganche, mediapunta, pateaba los tiros libres lo más parecido a un profesional que hasta entonces me había tocado ver.

Pero Chipi tenía otras virtudes, las más importantes para la construcción de un equipo: no te fallaba (ni te falla) nunca. No sólo porque estaba siempre sino porque en nombre del colectivo se sacrificaba ofreciendo su puesto para que entrara otro, su auto para que ninguno llegara tarde, su casa para festejar, algunas birras para que las derrotas también tuvieran charlas posteriores.

Era inevitable: no podía jugar en otro lugar que no fuera Misura, el equipo de mis amigos de toda la vida. Chipi era un Misurense de Ley mucho antes de que en 2008 nos diera una mano gigante para mantenernos en la A. Cuando todo parecía liquidado, él participó en el último tramo, disputó siete partidos, hizo cuatro goles (todos decisivos), jugó en cada puesto que le pedimos. Desde entonces, está cada vez que lo convocamos, ocupaciones múltiples al margen. Sobre todo en estos días del Leyendas en el que ya parece un soldado de la Vieja Guardia.

Hay más: Chipi es el tipo -entre todos los que conozco- que más ama el fútbol. Y de ese amor nació otra búsqueda: la de ser entrenador. Hizo el curso y ahí anda, ofreciendo cátedra. En su primera experiencia, con la 2003 de El Porvenir, salió campeón la última semana (como señala la foto que ilustra). Nos alegró a todos. Nos brindó esa generosidad que tuvo siempre con el elogio de los días compartidos con el León. De algún modo, nos incluyó como su Escuela de Fútbol.

Quizá pueda perder la semana que viene o la otra o todos los partidos que le toquen. Pero Chipi, mi amigo Chipi, seguirá siendo un campeón. Y, claro, otro de los Leones del Misura.